De ahorrador a inversionista: una guía rápida
- Juan Lopez Falconi

- hace 3 días
- 4 Min. de lectura
“Casi todos sabemos querer, pero pocos sabemos amar”, dice Manuel Alejandro en la canción que popularizó José José, en la que aclara las diferencias entre ambos sentimientos.
Y ahora que la escucho nuevamente me hizo pensar en ahorrar e invertir. Curioso, pero es que "ahorrar e invertir no es igual".
El ahorro se define como la acción de reservar y acumular una parte del ingreso, ya sea para cumplir un objetivo concreto -o sin un fin determinado-, con una periodicidad establecida y a lo largo de un plazo seleccionado.
Por otro lado, invertir implica determinar cómo emplear el ahorro disponible para obtener rendimientos en distintos horizontes: corto, mediano o largo plazo.
Esta decisión está vinculada al objetivo de la inversión, a la selección del instrumento financiero adecuado y al plazo durante el cual se mantendrá la inversión.
También tiene que ver con el desempeño: un ahorrador junta dinero mientras un inversionista busca un rendimiento.
Qué es mejor: ¿ahorrar o invertir?
Aunque ahorrar es un paso previo para invertir, no necesariamente implica que este proceso ocurra de forma directa.
Algunas personas optan por reservar una parte de sus ingresos en su cuenta bancaria con el fin de disponer de recursos ante insuficiencias mensuales o circunstancias imprevistas.
A veces el ahorro es un sobrante de dinero que está disponible por seguridad, pero no como una estrategia financiera.
Si queremos avanzar hacia una mejor gestión de nuestras finanzas personales, entonces hay que cambiar nuestra mentalidad.
Porque, si invertimos, estaremos:
Combatiendo la inflación: al evitar que nuestro dinero pierda poder adquisitivo con el tiempo.
Aumentando el patrimonio: si bien el ahorro suma, la inversión multiplica gracias al interés compuesto.
Logrando la Libertad Financiera: con el tiempo podemos generar ingresos pasivos que ofrezcan independencia económica y estabilidad a largo plazo.
La ruta hacia la inversión
Para comenzar a invertir, lo primero es definir tu objetivo financiero: ¿qué buscas alcanzar con tus inversiones? Puede ser desde comprar un inmueble hasta pensar en tu futuro retiro laboral.
Una vez hecho esto, decidir cuánto capital vas a invertir y cuál será el plazo. No necesitas grandes sumas; existen opciones de inversión en las que puedes iniciar con 100 pesos. Luego puedes ir aumentando tu capital conforme ves los resultados.
Posteriormente, se debe elegir una plataforma que cuente con la autorización y supervisión de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) en México. Considerar este aspecto es fundamental para minimizar el riesgo de posibles fraudes.
La elección de una plataforma no limita la posibilidad de seleccionar otras alternativas para diversificar las inversiones en diferentes instrumentos financieros. De hecho, esta estrategia resulta altamente recomendable.
Descubrir tu perfil como inversionista
Antes de invertir, se debe identificar tu perfil de inversionista para determinar tu capacidad de asumir riesgos.
Conocer tu perfil te permitirá seleccionar inversiones que se adapten a tus objetivos, formar un portafolio acorde a tus necesidades financieras y, lo más importante, evitar decisiones impulsivas. Por ejemplo, podrás resistir la tentación de vender antes de tiempo o abandonar una inversión en momentos de baja del mercado, motivado por el temor a posibles pérdidas.
Hay tres perfiles de inversionistas:
Conservador: Es quien prioriza la preservación del capital a la rentabilidad, optando por instrumentos financieros de bajo riesgo y elevada liquidez.
Moderado: Es quien equilibra seguridad y crecimiento, acepta fluctuaciones moderadas y diversifica entre renta fija y una parte en renta variable.
Agresivo: Es quien busca altos rendimientos, acepta gran volatilidad y minusvalías temporales para lograr crecimiento a largo plazo.
¿El perfil puede modificarse a lo largo de los años? Sí, por supuesto, tu perfil de inversionista se transforma y progresa conforme pasan los años. No permanece igual. Se adapta en función de factores como la edad, las metas financieras, la situación económica y sobre todo la experiencia adquirida en los mercados.
Palabra mágica: diversificar
Finalmente, resulta esencial considerar la diversificación, tanto en los instrumentos financieros elegidos como en las instituciones en las que se invertirá, ya sea un banco, una SOFIPO, una aseguradora o una casa de bolsa.
O como se dice coloquialmente: no poner todos los huevos en la misma canasta.
Además, conviene analizar qué estructura de inversión brinda mejores ventajas y permite una gestión más eficiente, así como estar al tanto de las obligaciones fiscales asociadas a las inversiones.
Aunque diversificar no elimina todos los riesgos, sí ayuda a reducirlos y proporciona mayor estabilidad financiera con el paso del tiempo.
Siempre es un buen momento para invertir. Si ya has desarrollado el hábito de ahorrar, puedes avanzar y empezar a invertir.
De la misma manera en que nunca es tarde para hacer ejercicio o mantener una alimentación saludable, siempre es un buen momento para fortalecer y optimizar nuestra salud financiera.
¿Cuándo comenzamos?




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