Invalidez total y permanente: un riesgo poco visible
- Juan Lopez Falconi
- 5 ago
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En México, la invalidez total y permanente es reconocida por el IMSS como la situación en la que una persona, debido a una enfermedad o accidente no relacionado con el trabajo, pierde de forma definitiva la capacidad de desempeñar cualquier actividad laboral.
Actualmente, no existe una cifra exacta sobre el número de personas mayores de 18 años que presentan invalidez total en México, ya que las estadísticas disponibles suelen agrupar distintos tipos y grados de discapacidad.
No obstante, se calcula que aproximadamente el 6.8% de la población mexicana, es decir, 8.9 millones de personas, reportó alguna discapacidad en 2023. De dicha cifra, el 49.4% corresponde a adultos mayores (60 años o más), mientras que el 34.2% son adultos entre 30 y 59 años, según el INEGI.
Las principales limitaciones se presentan en la movilidad, la visión, la audición y aspectos cognitivos como la memoria y la concentración.
Aunque no se dispone de una cifra precisa sobre la cantidad de personas con invalidez total, es relevante señalar que la discapacidad constituye una realidad en México y presenta una alta prevalencia entre la población adulta.
Ante lo inesperado, la previsión
Cualquier persona puede verse afectada por un evento inesperado que limite su capacidad de generar ingresos.
Además del impacto personal y emocional, esto representa un desafío económico para la familia, que puede afectar seriamente la estabilidad financiera si no se cuenta con una planeación adecuada.
Por ello, resulta fundamental establecer mecanismos de prevención y respaldo económico, como seguros de invalidez o fondos de emergencia.
Estas soluciones permiten enfrentar lo inesperado y mantener el objetivo de una vida autónoma y plena, incluso en circunstancias adversas. Estar preparado es esencial.
Enfermedades que pueden causar incapacidad permanente
Patologías del sistema musculoesquelético, como la artritis reumatoide severa, artrosis, enfermedades degenerativas de columna (incluyendo hernias discales o lumbalgia crónica), así como lesiones graves que comprometen la movilidad y la capacidad física.
Trastornos neurológicos, entre los cuales se incluyen la esclerosis múltiple, la enfermedad de Parkinson, patologías cerebrovasculares (como el ictus), lesiones medulares y enfermedades degenerativas del sistema nervioso central que afectan la movilidad, la coordinación y las funciones cognitivas.
Enfermedades cardiovasculares, tales como insuficiencia cardíaca avanzada, cardiopatías isquémicas y otras afecciones graves que limitan significativamente la capacidad física y pueden requerir restricciones relevantes en el entorno laboral.
Patologías respiratorias, como la EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica), fibrosis pulmonar y otras afectaciones respiratorias severas que condicionan la función pulmonar y la capacidad para realizar esfuerzos físicos.
Enfermedades mentales, destacando la esquizofrenia, el trastorno bipolar, la depresión mayor y otros trastornos psiquiátricos graves que impactan la función cognitiva, la estabilidad emocional y la aptitud laboral.
Cáncer avanzado, con presencia de metástasis o secuelas invalidantes, pueden requerir el reconocimiento de incapacidad permanente; asimismo, otras patologías crónicas que afectan múltiples sistemas o limitan de manera significativa la capacidad laboral y el desempeño de actividades cotidianas pueden ser consideradas bajo este criterio.
¿Cuál es la finalidad de un seguro contra la invalidez?
Un seguro con cobertura de invalidez o incapacidad constituye una póliza cada vez más relevante para la población trabajadora, particularmente para quienes carecen de acceso a seguridad social o ejercen actividades de manera independiente.
Este tipo de seguro constituye una medida fundamental de prevención ante la eventualidad de un accidente o enfermedad que imposibilite la continuidad laboral, y adquiere especial relevancia en empleos que involucren riesgos frecuentes.
El seguro de invalidez proporciona respaldo económico durante el periodo de recuperación. La contratación conjunta de un seguro de vida y uno de invalidez asegura una protección integral.
Contar con estas coberturas permite anticiparse a situaciones imprevistas, contribuyendo a la estabilidad financiera y facilitando una adecuada gestión económica personal.
En resumen, sus beneficios son:
Protección financiera: Un seguro puede otorgar una renta o suma global, ayudando a cubrir gastos de vida, médicos y/o de rehabilitación.
Tranquilidad familiar: Brinda la seguridad de que la familia no se verá afectada económicamente en caso de invalidez de la persona asegurada.
Cobertura de gastos médicos y de adaptación: Algunas pólizas contemplan costos médicos, de rehabilitación o de adaptación del hogar o del vehículo.
Analizar el riesgo de una invalidez total y permanente resalta la relevancia de disponer de una protección financiera adecuada, que asegure el futuro económico y mantenga la calidad de vida.
¿Cuentas con esta protección?
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